Prácticas cristianas

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortánd...

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Oración

Y cuando ores,no seas como los hipócritas;porque ellos aman el orar en pie ...

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Ayuno

Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus ro...

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Vision

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno...

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Lealtad

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o...

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QUIENES SOMOS.

Por cuanto es la voluntad de Dios sacar del mundo un pueblo salvo para la Gloria de su Nombre, pueblo que constituye la iglesia de Jesucristo, la cual debe estar edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. (Ef. 2.20; 1 Co. 3.11).

Por cuanto se hace necesaria la permanente comunión entre los miembros de la iglesia; impartir consejos y ser instruidos en la Palabra de Dios para la obra del ministerio, y para el ejercicio de los oficios espirituales provistos en la Santa Biblia.


Por cuanto esta comunión establecida por Dios es sostenida por el Espíritu Santo, y Él es quien pone en su iglesia: evangelistas, pastores, misioneros, maestros, etc.

ENTONCES,

Nos reconocemos miembros del cuerpo de Jesucristo, y por lo tanto hermanos en la fe, todos los que profesamos los mandamientos establecidos por el Espíritu Santo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulos dos, versos treinta y ocho y treinta y nueve:

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hch. 2.38-39).

Declaramos esforzarnos para guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, profesando nuestra adoración a un Señor, poniendo en práctica: Una fe y un bautismo, ya que tenemos un solo Dios y Padre de todos en todos:

“Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos.” (Ef. 4.3-6). 

 

 

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